Reflexiones sobre el accidente del tren en Santiago

Como sabéis, la delegación de A Coruña del Frente Cívico forma parte de la Plataforma en Defensa del Ferrocarril A Coruña e As Mariñas, la cual lucha para que tengamos un ferrocarril público y social y, por supuesto, seguro, algo que recoge nuestro manifiesto desde hace algo más de un mes. Antes del fatídico accidente de Santiago, se hizo una presentación con una rueda de prensa. Allí había medios locales y alguno autonómico. Durante la rueda de prensa se explicó el manifiesto y uno de los compañeros, trabajador de RENFE, mencionó el tema de la seguridad, la cual, decía, se estaba viendo afectada. Una de las periodistas incidió en el tema, preguntó por la seguridad, y el compañero explicó con más detalle temas de recortes en personal, condiciones desfavorables y también el tema de señalizaciones y balizas, para acabar diciendo que “algún día pasará algo gordo y entonces nos lamentaremos todos”. Y pasó. Esa frase quedó grabada en las grabadoras de los periodistas que asistieron a la rueda de prensa, pero más grabada aún se quedó en mi cabeza.

Aunque ya lo hemos hecho, queremos expresar nuestras condolencias a las familias, amigos y personas allegadas a las víctimas. Tienen todo nuestro respecto, solidaridad, apoyo y empatía. Desde aquí, y desde donde podamos, enviamos un fuerte y sincero abrazo fraternal. Conviene recordar, además, que el maquinista también fue víctima del accidente, puesto que resultó herido en el mismo. Cometió un error que llevará en su interior el resto de su vida. Es una persona normal que va a cargar con la muerte de al menos 79 personas, cualquiera en su lugar estaría destrozado. Tendrá su responsabilidad penal, lógicamente, pero no merece el linchamiento mediático al que ha sido sometido de manera absolutamente indignante. Tampoco merece los insultos de algunos energúmenos en las redes sociales. No olvidemos una de las frases que dijo el maquinista delante de testigos, cuando aún estaba en estado de “shock” después de ser rescatado de la cabina: “Esto ya lo tengo yo denunciado. No se puede circular por esta vía a esta velocidad sin un protocolo, si pillo al de seguridad, lo mato”.

El accidente se produce por un despiste del maquinista, como bien sabéis. Según se ha publicado, recibió una llamada en su móvil profesional que le hizo perder la concentración. Los maquinistas saben en todo momento en qué lugar del recorrido se encuentran por las señalizaciones de las vías y por un libro en el que llevan anotados los puntos en los que hay señales, indicaciones, etc. Lo que hay en ese libro se lo acaban aprendiendo de memoria. No hay un GPS ni otra cosa que les indique donde están, sólo las señales que, por supuesto, también se ven de noche. Por llevar, no llevan ni un sistema de manos libres para el móvil, algo obligatorio si quieres hablar mientras conduces un vehículo por carretera. Sólo iba un maquinista en cabina. Había otro maquinista que llevaba el tren hasta Medina del Campo. Ahí, cambiaron y el que iba dentro de la cabina pasó a formar parte del pasaje como un viajero más. También sobrevivió, por cierto, lo mismo que el interventor. Sin embargo, fallecieron los trabajadores del vagón cafetería.

El trayecto Ourense – Santiago en el que se ha producido el accidente es de alta velocidad, aunque ADIF lo negara. Cuenta con el sistema europeo ERTMS, obligatorio para los trenes de alta velocidad. El ERTMS no está operativo, sin embargo, desde unos kilómetros antes de Santiago. Es decir, en el lugar del accidente, no había ERTMS. El sistema que hay es el ASAF Digital (no el analógico, como ha dicho algún medio). ¿La razón?. Los técnicos encargados de tomar esa decisión consideraron que el maquinista ya iba a realizar esa función, la de bajar la velocidad del tren, con lo cual no era necesario instalar un sistema para hacer algo que ya iba a realizar una persona. Esto requiere algo más de explicación. El ASAF digital es un sistema que permite detener el tren si se salta una señal en rojo. Por decirlo de una manera resumida, si una señal que indica precaución por entrar en una zona que requiera bajar la velocidad es ignorada por el maquinista, más adelante habrá una señal en rojo que indica que se debe detener. Si el maquinista también ignora esta señal, el tren se detendrá automáticamente.

Pero en el fatídico tramo, el ASFA Digital no está así configurado, con lo cual no hay señal roja ni de precaución que pudieran evitar el accidente, las señales estaban todas en verde porque el tren tenía garantizado el paso. No había señales en rojo, ni señales de precaución que activaran la señal en rojo para que pudieran detener el tren en caso de habérsela saltado. Todo dependía del maquinista. Las únicas señales en rojo que pudiera haber son las que se activan cuando se quiere que se detenga el tren por algún obstáculo en la vía, ni las derivadas del sistema ASFA. Además de esto, el tren cuenta con un sistema llamado de “hombre muerto” que pararía el tren en el caso de que el maquinista no pulse un pedal cada cierto tiempo. Eso evitaría que un desmayo acabara con el tren sin control, y es un sistema que lleva muchísimos años en funcionamiento. Pero ese sistema no evita un despiste, obviamente.

El trayecto Ourense Santiago, como ya he dicho, es de alta velocidad. Por esa vía el AVANT circula a 220 km/h, y el ALVIA a 200 km/h. Es un tramo que hasta la curva el accidente es en línea recta. Todo ese tramo el tren ALVIA va a 200 km/h. En menos de cuatro kilómetros, antes de llegar a la curva, el maquinista tiene que reducir la velocidad hasta 80 km/h. Un tren pesa mucho. Pero mucho. La locomotora pesa cerca de 80 toneladas. Cada vagón, en vacío, pesa cerca de 15 toneladas. A eso hay que sumar el pasaje, la carga y el combustible. Todo ese peso a 200 km/h no se detienen así como así. Cualquiera que sepa un poco de física puede hacerse una idea. ¿Cuánto tarda el tren en recorrer 4 km a 200 por hora?. Pero eso es lo que tiene que hacer el maquinista si ningún otro sistema que le ayude o que evite que, si se despista, pueda frenar el tren lo suficiente como para que no se produzca el accidente. También hay que decir que ese cambio tan brusco de velocidad, de 200 a 80, no es habitual en toda la red ferroviaria, por no decir único, que al parecer no hay otro punto en España de similares características y sin sistemas de seguridad que permitan frenar el tren en caso de error del maquinista.

Hay zonas en las que tampoco hay sistemas de seguridad que detengan el tren en caso de despiste, pero de producirse el error las consecuencias no son tan terribles. Hay casos que en línea recta hay limitada la velocidad, pero si el maquinista lo sobrepasa no ocurre nada, porque es en línea recta. El caso de la curva en Angrois es diferente, un error provoca que el tren se salga de la vía y se vaya contra un muro de hormigón a una velocidad cercana a los 200 km/h, que fue lo que pasó. Ahora pensemos en lo seguro que es un sistema que permite que un error humano tenga como consecuencia que el tren se salga de la vía a esa velocidad. La lógica dice que si hay un sistema que puede paliar ese error, debe instalarse. La perplejidad de que no se haya instalado es aún mayor cuando el compañero de RENFE nos dice que no hacía falta que fuera el ERTMS, que llegaba con un par de balizas que dicen que cuestan menos de 15000€. Sólo eso. O con el sistema que ya estaba, el ASAF digital, configurado de de otra manera para que antes del túnel hubiera una señal de precaución y al salir del túnel una señal roja que si el maquinista rebasa, el sistema detendría el tren. Nada de eso estaba, y los técnicos deberán explicar por qué se tomó esa decisión. Una decisión que se planteó en su momento, ojo, y que decidieron que no hacía falta, que el maquinista se encargaría.

También se comentó el caso del viaje inaugural del “AVE gallego”. Fue hace cosa de un año y medio, con gran bombo y fanfarria. Pepiño Blanco, en uno de sus últimos actos, fue el que inauguró la línea, con Feijoo y otras autoridades, junto con numerosos periodistas. En el trayecto, se produjo un susto por parte de los viajeros, porque la curva se tomó demasiado rápido y eso provocó “sensaciones” malas en los viajeros. La razón es que el AVANT va a 220, no a 200 como el ALVIA, y a esa velocidad, el margen del maquinista es muy justo para reducir la velocidad del tren para que tome la curva a la adecuada. Se decidió que el AVANT contara con un dispositivo antes de llegar a la curva que limitara la velocidad a 200, para que diera algo más de margen pero como el ALVIA ya va a 200, no se hizo nada más. Trabajadores de RENFE han avisado en numerosas ocasiones, antes del accidente, de que ese tramo es peligroso. Ya desde antes de la inauguración.

¿Por qué no se hizo caso?, ¿por qué los técnicos tomaron esa decisión?, ¿por qué se tuvo tanta prisa en inaugurar un trayecto que no está terminado?. Alguien tendrá que responder por todo esto. Hay dos cosas claras.

1: El maquinista se equivocó.

2: Si hubieran instalado los sistemas de seguridad que existen desde hace tiempo, el error no habría tenido consecuencias.

¿Es correcto que se deje una zona peligrosa sin esas medidas de seguridad dejando en manos humanas todo el proceso?. ¿Quien es más responsable, una persona que tiene un despiste en un momento puntual o quienes consideran que esa curva no necesitaba ninguna medida de seguridad?. Alguien tendrá que responder a estas preguntas, alguien tendrá que asumir las responsabilidades.

Muchos pensarán que ADIF y RENFE no son responsables, que tampoco lo son José Blanco, ministro de fomento cuando inauguraron la línea, y menos aún Ana Pastor, la ministra actual de fomento, aunque no se hiciera ningún caso a las denuncias de maquinistas y otros trabajadores de RENFE acerca de la peligrosidad de la curva. Lo primero es que tanto el presidente de RENFE como de ADIF deberían dimitir inmediatamente por sus declaraciones iniciales apuntando a que la línea no era de alta velocidad o que todo estaba perfecto, que no había que cambiar nada. En la revista Líneas número 56, la revista que edita ADIF, se puede leer “El 10 de diciembre se ha convertido en un día histórico para la Comunidad de Galicia que, con la puesta en servicio de la línea de alta velocidad que une Ourense, Santiago y A Coruña, entra en el ferrocarril del siglo XXI…”, y por si eso no fuera suficiente nos encontramos con otra joya: “Entre sus ventajas destaca también la utilización del uso de tecnologías punta en los sistemas de conducción automática de trenes…”.

Era de alta velocidad, tuvieron prisa por inaugurar una línea por interés político, no real, y los actuales responsables de Fomento, ADIF y RENFE no han hecho caso a las reclamaciones de los trabajadores sobre la seguridad. Son responsables y debemos exigir esas responsabilidades. Seguramente se irán de rositas, como siempre pasa en este país de “tonto el último”, pero no podemos quedarnos callados mientras la ministra se pavonea anunciando, ahora, medidas de seguridad para el tramo de Angrois. Como si no fuera previsible que algo así podría pasar. Son responsables también de una política nefasta sobre todo el ferrocarril en España. Empecinándose en un AVE que no es más que otra forma de conseguir que los amigotes de siempre, constructoras y demás empresas, consigan contratos de obra carísimos que no responden a una demanda social. Se debería haber invertido en ferrocarril convencional y de mercancías, y no ese agujero sideral de dinero público que ha supuesto el AVE en este país. Responsables del PP y responsables del PSOE. Y también responsables los que han apoyado a esos partidos.

Seguramente no pasará nada, ya casi se ha olvidado el accidente cuando no ha pasado ni un mes, y tampoco aprenderán de los errores. Todo seguirá igual, la gente seguirá a lo suyo y circulen, que aquí no ha pasado nada. Además, pronto empieza el fútbol, así que mejor no molestar con temas menores. Mientras esto siga así, la Doctrina del Shock seguirá imponiéndose a costa de todos nosotros. Y, lamento decirlo, muchos lo tendrán merecido por su pasotismo frente a las movilizaciones que se vienen llevando a cabo en los últimos tres años. Nosotros, el FC, seguiremos intentándolo, por nosotros y por nuestros hijos. Al menos, el día de mañana podremos mirarles a la cara sin sentir vergüenza.

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